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Beisbol y poesía,

 la divina pareja

                            

                      Coral Gables, Florida. (VIP-WIRE)

                     

La Bandera ondea allá arriba, por el centerfield, como expresión de un país feliz porque se hace deporte.

 

Pero, cuando conectan triple, todos en el campo están muy apurados.

 

Los roletazos van bordando el infield.

                     

No hay bigleaguer pobre, igual que, aquello de, que debido al chorizo, no hay fabada señorita.

 

El éxtasis en el beisbol consta de nueve innings… Pero si uno se porta bien juegan unos innings extras.

             

El anotador oficial  es El Historiador Desconocido.

 

El estadio es un monstruo que se traga a millares de fanáticos, los digiere, los procesa, los deja divertirse y después, a las tres o cuatro horas, los expele. 

 

El fanático, para el pelotero, es igual que el combustible para el jet.

     

Los fanáticos son las abejas de un panal llamado campo de juego.

 

Durante el double play, la acción es un ballet con música de cámara rápida.

             

Triple play… es decir, ¡out todo el mundo!

 

El foul es una pelota que sufre de miedo a los fildeadores.

                                           

No existe dicha tan buena para el cerrador como el último out del juego.

 

Cuando conectan triple, todos en el campo están muy apurados.

 

Los peloteros llegan a Grandes Ligas, cobrando por lo que prometen hacer, poco después, cobran por lo que están haciendo; y finalmente, quedan cobrando por lo que ya han hecho.

 

Joe DiMaggio fracasó como esposo de Marilyn Monroe, porque nadie puede tener éxito, a la vez, en dos pasatiempos nacionales.

 

 

Joe DiMaggio dijo: “Marilyn Monroe fue mejor que todos los compañeros de habitación que tuve durante mi carrera de bigleaguer.

 

El beisbol es un poema con música de batazos.

 

En el beisbol anota el hombre, en los otros deportes, la pelota.

 

Y, quien mejor habla de beisbol es la pelota.

 

Cuando Papa Dios no quiere ver beisbol, llueve.

 

Los estadios techados los inventó el Diablo.

 

El novato se abre paso a través de las huellas que van dejando los veteranos.

 

Todavía hay una terrible discriminación… Jamás juegan con pelotas negras.

 

El narrador va contando lo que ve, y sus oyentes adivinan lo que él siente.

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